5
Nov
Esta es una conversación que he recogido el otro día en mi país de fantasía multicolor, mientras me asomaba a la ventana de un edificio. Ya que soy su amo y creador, me dejan hacer de todo, hasta cotillear.
Se produce entre una mujer y su marido.
—El niño se ha vuelto bruto.
—¿Cómo?
—No hay más que verlo. Siempre regresa de la escuela y sale de su habitación golpeado.
—Lo dices por los arañazos, y eso que parecen moratones, ¿no?
—Pues sí.
—He ido al psicólogo.
—¿Y qué dice?
—Pues que se autolesiona.
—¿Cómo?
—Que se pega a sí mismo.
—¡Anda!
—Pero he consultado a otro especialista, esta vez a un filósofo.
—¿Y qué dice?
—Que no está enfermo. Dice: «El problema de vuestro hijo es que no quiere estudiar».
—¿Y por eso viene como si lo hubiera arrollado un camión?
—Pues no lo entiendo.
—Pues yo tampoco.
—¿Nos toca mirar más abajo, otra vez, para saber la respuesta?
—Sí, este escritor aficionado se la trae.
A quien le daña el saber, homicida es de sí mismo.
Pedro Calderón de la Barca
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