2
Nov
Ebrio de soberbia, de borrachera, de cogorza nocturna. Político de miradas bravas. Había perdido su talante.
Discutía con una farola de la calle. Le había sentado mal que estuviera tan erguida delante de él. Lo estaba desafiando, seguro.
Cuando sus bravatas fueron interrumpidas por un hipo, cambió de tercio. Se agarró al hierro y, con una mano, daba vueltas sin parar. Cantaba y bailaba.
Aquellos chicos del portal comenzaron a reírse. Eran cuatro, pero parecían ocho o dieciséis. Dando tumbos de un lado a otro de la acera, y con un dedo amenazador, repetía que no se burlaran.
Un taxista evitó la trifulca. Novato conductor, en su primera noche, creyó que le estaban dando el alto. Saludó efusivamente a su primer cliente.
—¿Adónde vamos? —preguntó el piloto del taxi, aunque la tarifa y el olor a aliento alcohólico ya empezaban a marearlo.
—No sé, ya me acordaré. Continúe para adelante. Más allá está mi coche.
—¿Por dónde?
—¡Recto, joder! Parece usted tonto. Digo, parecen ustedes tontos. Para conducir dos, ¡son gilipollas!
En el primer semáforo comenzó otro tipo de carrera. Pedestre, a campo través o, mejor dicho, a ciudad través.
—¡Oiga, mi dinero! ¡No me ha pagado el servicio!
Una alcantarilla abierta. Una hendidura hacia la oscuridad. Un tropezón nocturno. De cintura para abajo quedó atrapado.
Tuvieron que venir a taladrar el asfalto. Mientras tanto, cantaba:
«Hop, hop, hop, pirata de ron.
Hop, hop, hop, pirata de ron.
¡A asaltar la isla de las mujeres!
Hop, hop, hop, pirata de ron.
¡He quedado apresado por los ingleses!
¡Perros traidores!
Hop, hop, hop, pirata de ron».
Mientras los periodistas le hacían fotos, clamaba al cielo, pidiendo que a ver si se aclaraban de una vez con lo de encender la luz. Ya bastaba de jugar con el interruptor. Ahora de día, ahora de noche, cuarto encendido, cuarto apagado. «¡Joder! ¡Parad ya!».
«Hop, hop, hop, pirata de ron.
Hop, hop, hop, pirata de ron.
¡A asaltar la isla de las mujeres!
Hop, hop, hop, pirata de ron.
¡He quedado apresado por los ingleses!
¡Perros traidores!
Hop, hop, hop, pirata de ron».
Toc, toc, toc. Sonaban los martillos neumáticos. Entonces gritó:
—¡Hostia, cañonazos! ¡Todos a babor, a defender la nave!
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