27

Oct

by Gerónimo Jaime

Cintia era tortuga pero no lo sabía. Lo sabe hoy.

Hoy escuchó: «Eres tortuga».

Así supo primeró que el mundo que conocía tenía nombres. Esto ocurría con las verduras en los supermercados. Tomates, lechugas, ….. ¡Sí, éstas le encantaban!. Pero siempre las había comido sin carteles.

Y después en el tono supo que había algo que no le agradaba. «Eres una tortuga». Aquello tenía un sabor amargo, como la lechuga que le gustaba, pero esta amargura no era de su agrado.

Parecía que aparte de meterte, en la bolsa de la compra tomates, te hubieran puesto algún pepino. Sí, resonaba en su ser «Eres una tortuga», llevaba en la bolsa algo más.

Aquel que lo dijo, parecía ser más veloz, como si no cometiera más errores, como si fuera más evolucionado. Seguramente este ser tenía la verdura más barata, pensó Cintia. Y al tener mejores precios era mejor que nadie, sin embargo el género, tomate y lechugas, era el mismo para todos.

Aquello le molestaba, primero ahora todo era más complicado, ya no podría disfrutar del estanque, las cosquillas del césped, el aire que susurraba y hablaba dentro de su concha. Ahora todo tenía nombres y por lo tanto comparaciones, con sus definiciones. Además se tenía que comparar con todo y no disfrutaba de sus antiguos placeres.

Cintia decidió olvidar todo, eso no era felicidad. Volvería a quererse como antes, e incluso más, muchísimo más, «tortuga», ¡ja! ¡Viva el viento en mi concha! ¡Esto es disfrutar!

Jose Jaime

23-8-2001

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