23
Oct
Anestesia
Yacía en una cama de hospital.
Hacía horas que la cabeza le daba vueltas. Los dolores se sucedían como hachazos certeros, amenazando con derribarlo y tirarlo al suelo, partiéndolo en dos.
En casa había cogido un libro para leerlo tranquilamente durante sus horas libres.
Prometía lo suyo: «Entiéndase como nunca lo ha hecho». El título ya era incitador.
Hacia la mitad del libro, empezó a encontrarse mal.
Nuevas ideas, que nunca antes había tenido, pretendían abrirse paso en su interior. Además, no las rechazaba: le gustaba saborearlas.
Optó por subirse a una silla en su balcón y llamar a gritos a los vecinos, que dormían tan tranquilos.
Los exhortaba, les advertía, les enseñaba; y cuanto más decía, más fuerte chillaba.
Les pidió a los médicos, después de que se lo llevaran de su domicilio, algo que lo calmara, que lo hiciera callarse y dormirse.
Pero ellos se negaban a hacerlo. Era una mina: habían tomado asiento y lo escuchaban en vez de curarlo.
Una enfermera apareció con algo. Por fin, alguien se apiadaba de él. Venía corriendo, con el rostro sudoroso; se tomaba muy en serio su trabajo.
Dentro de una caja no había medicinas ni un gotero. Era la segunda parte: «Entiéndase mejor que nunca lo ha hecho».
—Sea bueno, vamos, léalo, por favor.
—Pero si no he acabado la primera parte…
—Vamos, todo habrá acabado muy pronto. Debe usted mejorar como persona. Lo está haciendo muy bien.
—¡¡¡Por favor, pónganme un tranquilizante!!!
Jose Jaime
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