A Golpe de pico

Le quedaban dos opciones, rendirse o continuar. Mal día ese que se le ocurrió adentrarse en aquella mina abandonada.

Cobertura de móvil no había en aquellas profundidades, además conforme andaba la oscuridad le seguía a su espalda conforme la linterna de su casco dejaba de alumbrarla.

Era un experto espeleólogo de los mejores del mundo, no le gustaban las cámaras para firmar documentales detrás suyo, ni los compañeros de aventuras, a la adversidad se enfrenta uno a solas, eso pensaba.

Luego publicaba un libro, con fotografías sobre lo que había vivido, y ya está. Muchas cadenas de televisión le habían llamado pero las había rechazado a todas.

Situaciones difíciles pasó a veces, cómo cuando se rompió una pierna, sin embargo salió al exterior por sus propios medios. Esa hazaña le hizo salir en muchos periódicos.

Ahora andaba perdido como nunca, clamaba a su interior que reuniera toda la fuerza necesaria para hacer acopio de valor. Eran tres días, tres, la situación era grave, sin encontrar la salida.

En una de sus pesquisas encontró una pared extrañamente de color amarillo. Raramente un cartel con un flecha indicaba a un corredor a su izquierda con la palabra “salida” apuntando en esa dirección.

Ya sabía que aquella montaña encerraba sus misterios y trampas de la memoria, agarró un pico cercano, y se lió a darle a la pared.

Aquello iba en contra de la razón, hasta ahora es lo único que había utilizado, obedecería a un pensamiento irracional.

No os lo creáis que un hombre pueda abrir un agujero en la montaña pero justo ahí estaba la luz del sol, no en las oscuridades y galerías enrevesadas de la mente.

Jose Jaime

«En todas las cosas humanas, cuando se examinan de cerca, se demuestra que no pueden apartarse los obstáculos sin que de ellos surjan otros».

MAQUIAVELO, Nicolás

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